Solo, en un rincón de mi jardín, encontré a este narciso. Me gustan mucho de este tipo, de copa pequeña, y resaltando los colores de una y otra parte. y ese final de la copa, como si estuviera en llamas, en pleno ataque suicida de autocombustión.
Está solito, en una maceta, porque sus compañeros no se han dignado a salir, y ya no creo que lo hagan.
En el momento de hacerle la foto, se giró hacia mi, y estiró sus pétalos, posando como todo un profesional. Dejando el sol a un lado, para que le iluminara, pero sin que le llegara a deslumbrar.
Dime, amor, cómo se atiza/ una brasa en su penúltimo estertor.../ Dime, amor, cuánto se atiza/ para que renazca el brote de una flor/ de una flor... de la ceniza,/ flor de ceniza. L.E. Aute
19 abril 2006
18 abril 2006
Lo peor que te puede pasar
... no es que se te bloquee el ordenador cuendo llevas media hora retocando una foto.
... no es que se te pierda el abono transportes cuando estás a día 2 del mes.
... no es quedarte sin batería en la cámara cuando el dichoso delfín se decide por fin a saltar.
... no es que se acabe la Coca Cola en el momento de mayor mono.
... es llegar a casa, medio pedo y encontrarte una hermana o una nota con un recado sencillo:
¡BAJA A LA PERRA!
... no es que se te pierda el abono transportes cuando estás a día 2 del mes.
... no es quedarte sin batería en la cámara cuando el dichoso delfín se decide por fin a saltar.
... no es que se acabe la Coca Cola en el momento de mayor mono.
... es llegar a casa, medio pedo y encontrarte una hermana o una nota con un recado sencillo:
¡BAJA A LA PERRA!
16 abril 2006
Pasos de baile
Escribir así, en plan quépenadoy, es un poco absurdo, porque no tengo nada por lo que estar triste, lo sé, debería estar contenta con mi vida, todo me va bien, y cada vez mejor.
Pero últimamente hay una Flor de Ceniza con ganas de dar un paso hacia atrás, pensando en pretérito. Y hay también una Flor de Ceniza pensando en futuro, con ganas de seguir hacia delante, pero sin conseguirlo.
Y un punto de inflexión.
En fin, vida, a ver si cambias de color, que este es muy cansino.
Indecisión, vete con la música a otra parte.
Quiero bailar a mi ritmo.
Quiero bailar mi propio vals.
Pero últimamente hay una Flor de Ceniza con ganas de dar un paso hacia atrás, pensando en pretérito. Y hay también una Flor de Ceniza pensando en futuro, con ganas de seguir hacia delante, pero sin conseguirlo.
Y un punto de inflexión.
En fin, vida, a ver si cambias de color, que este es muy cansino.
Indecisión, vete con la música a otra parte.
Quiero bailar a mi ritmo.
Quiero bailar mi propio vals.
Cuatro son, ya no
Cuatro santos días, cuatro. Eternos cuatro. Efímeros cuatro. Sin nada que hacer. Los días se suceden, tanto por hacer, nada hecho.
Como comienzo de fiesta, llegar a casa antes que Ocaso, poder saludarle desde la ventana. Juerga loca, a solas, sin más. Tan sólo, tan sólo por verlo desde mi hogar.
Días eternos, recuperando sueño, diez, doce horas, y a veces más.
Lo mejor, el jueves, salgo a correr, corro entre montañas, entre prados, bosques, ríos; chapoteo en el barro, y me dejo observar, por ojos, decenas de ojos, de vacas, terneros ¿De quien más? No, ya no hay más. Lorenzo enrojece, le veo marchar, pero en su camino me deja admirar, las tierras que en verde acaricia y torna color bermellón. En este momento, sentí gran dolor, por tanta belleza, por verla sólo yo. Sentí la alegría de poder disfrutarla por lo menos yo.
El viernes, el sábado intenté atar una cuerda al tiempo, y de ella tirar; pasa, pasa rápido, no quiero pensar, que llegue ya el lunes, y volver a empezar.
Entre tanto tiempo con poco que hacer, vi a mi camarita, triste, sola, con ganas de acción. La cogí en mis manos, y allí que nos fuimos las dos de excursión. Hoy no habrá muestras, la dejaré descansar, ya mañana, se verá el producto, de nuestro pasear.
Por fin, ya se ha ido, se acabó esta tregua, de vuelta otra vez: con la misma gente, volver a actuar, bendito trabajo, odiado trabajo.
Como comienzo de fiesta, llegar a casa antes que Ocaso, poder saludarle desde la ventana. Juerga loca, a solas, sin más. Tan sólo, tan sólo por verlo desde mi hogar.
Días eternos, recuperando sueño, diez, doce horas, y a veces más.
Lo mejor, el jueves, salgo a correr, corro entre montañas, entre prados, bosques, ríos; chapoteo en el barro, y me dejo observar, por ojos, decenas de ojos, de vacas, terneros ¿De quien más? No, ya no hay más. Lorenzo enrojece, le veo marchar, pero en su camino me deja admirar, las tierras que en verde acaricia y torna color bermellón. En este momento, sentí gran dolor, por tanta belleza, por verla sólo yo. Sentí la alegría de poder disfrutarla por lo menos yo.
El viernes, el sábado intenté atar una cuerda al tiempo, y de ella tirar; pasa, pasa rápido, no quiero pensar, que llegue ya el lunes, y volver a empezar.
Entre tanto tiempo con poco que hacer, vi a mi camarita, triste, sola, con ganas de acción. La cogí en mis manos, y allí que nos fuimos las dos de excursión. Hoy no habrá muestras, la dejaré descansar, ya mañana, se verá el producto, de nuestro pasear.
Por fin, ya se ha ido, se acabó esta tregua, de vuelta otra vez: con la misma gente, volver a actuar, bendito trabajo, odiado trabajo.
08 abril 2006
Diferente
Del lat. differens, -entis.
Del lat. differens, -entis.
1. adj. Diverso, distinto.
2. adv. m. Diferentemente.
Distinto:
Del lat. distinctus, p. p. de distinguere, distinguir.
1. adj. Que no es lo mismo; que tiene realidad o existencia diferente de aquello otro de que se trata.
2. Que no es parecido; que tiene diferentes cualidades.
3. Inteligible, claro, sin confusión.
Me gusta pensar que soy diferente.
Supongo que no lo soy, que hay miles de personas por el mundo que piensan como yo.
Y aún así, a mi alrededor, no las encuentro.
Llevar la contraria es algo que llega a ser patológico, pero es la mar de divertido.
Ahora, al referirme a diferente, a distinto, me refiero a la primera acepción, porque inteligible no creo que lo sea, ni soy clara. A veces es desesperante, que no te entiendan, y explicarlo una vez más, y seguir igual. Otras me entretiene.
Lo sé, cada día estoy menos inspirada. Cuando no pasa nada en la vida, es aburrido, nada que contar. Nada que inspire.
Porque no creo que a nadie le interese lo que hago o dejo de hacer día a día. No creo que a nadie le interese saber que hoy estuve rodeada de la gente del Culto Extremo al Cuerpo, gentes varias, luciendo palmito, y todos posando a su lado, por haber estado horas y horas en el gimnasio, comiendo un día tras otro proteínas presentadas en forma de batidos; que estuve en un lugar donde la barra libre no era de alcohol, ni de refrescos, sino de dichos batidos y de barritas hiperenergéticas, hiperprotéicas e hipersupermegaalucinantes. Un lugar donde los músculos de los visitantes se podrían sostener sin necesidad de huesos, del tamaño que tenían. El reino de la lycra, el sudor y la energía condensada... sí, como si fuera leche, sólo que aquí de eso no había.
Es una feria para profesionales, principalmente, pero allí muchos éramos los curiosos, los que nos pateamos el recinto en busca de sabe dios qué, cotilleando sin más. En esta feria, eso se hace, hay suficiente frikismo de esta clase, no así ocurre en otras como la de mi profesión, temida por todos, por todos los que no somos nosotros, claro, y que jamás en su sano juicio irían a curiosear, cosa, por otro lado que permite pasear por el pabellón sin tantísimo agobio como hoy, que entre hombros y bíceps tamaño Goliat, una acaba aplastada a modo de sándwich.
Y por este motivo, por haber ido a este lugar, he sobrepasado el límite de los 5 Km: más de 5 Km al volante, y esto, señores, es todo un récord desde que me sacara el carnet, ahora ya me da igual, ya puedo ir hasta Moscú conduciendo, porque ya no son solo los kilómetros, es también el encontrar carteles de la D G T amenazándote con que te vas a morir, con que de ésta no pasas, tratando de distraer tu atención de la carretera: todo es posible, tal vez muera al volante ¿Por qué no? El caso es, que no hay como afrontar los propios miedos.
Del lat. differens, -entis.
1. adj. Diverso, distinto.
2. adv. m. Diferentemente.
Distinto:
Del lat. distinctus, p. p. de distinguere, distinguir.
1. adj. Que no es lo mismo; que tiene realidad o existencia diferente de aquello otro de que se trata.
2. Que no es parecido; que tiene diferentes cualidades.
3. Inteligible, claro, sin confusión.
Me gusta pensar que soy diferente.
Supongo que no lo soy, que hay miles de personas por el mundo que piensan como yo.
Y aún así, a mi alrededor, no las encuentro.
Llevar la contraria es algo que llega a ser patológico, pero es la mar de divertido.
Ahora, al referirme a diferente, a distinto, me refiero a la primera acepción, porque inteligible no creo que lo sea, ni soy clara. A veces es desesperante, que no te entiendan, y explicarlo una vez más, y seguir igual. Otras me entretiene.
Lo sé, cada día estoy menos inspirada. Cuando no pasa nada en la vida, es aburrido, nada que contar. Nada que inspire.
Porque no creo que a nadie le interese lo que hago o dejo de hacer día a día. No creo que a nadie le interese saber que hoy estuve rodeada de la gente del Culto Extremo al Cuerpo, gentes varias, luciendo palmito, y todos posando a su lado, por haber estado horas y horas en el gimnasio, comiendo un día tras otro proteínas presentadas en forma de batidos; que estuve en un lugar donde la barra libre no era de alcohol, ni de refrescos, sino de dichos batidos y de barritas hiperenergéticas, hiperprotéicas e hipersupermegaalucinantes. Un lugar donde los músculos de los visitantes se podrían sostener sin necesidad de huesos, del tamaño que tenían. El reino de la lycra, el sudor y la energía condensada... sí, como si fuera leche, sólo que aquí de eso no había.
Es una feria para profesionales, principalmente, pero allí muchos éramos los curiosos, los que nos pateamos el recinto en busca de sabe dios qué, cotilleando sin más. En esta feria, eso se hace, hay suficiente frikismo de esta clase, no así ocurre en otras como la de mi profesión, temida por todos, por todos los que no somos nosotros, claro, y que jamás en su sano juicio irían a curiosear, cosa, por otro lado que permite pasear por el pabellón sin tantísimo agobio como hoy, que entre hombros y bíceps tamaño Goliat, una acaba aplastada a modo de sándwich.
Y por este motivo, por haber ido a este lugar, he sobrepasado el límite de los 5 Km: más de 5 Km al volante, y esto, señores, es todo un récord desde que me sacara el carnet, ahora ya me da igual, ya puedo ir hasta Moscú conduciendo, porque ya no son solo los kilómetros, es también el encontrar carteles de la D G T amenazándote con que te vas a morir, con que de ésta no pasas, tratando de distraer tu atención de la carretera: todo es posible, tal vez muera al volante ¿Por qué no? El caso es, que no hay como afrontar los propios miedos.
07 abril 2006
En primavera

Hace ya siglos que empezó la primavera, y lo cierto es que llegar, llegó también hace mucho. Una prueba de ello es este durillo o Viburnum tinus que tengo en mi jardín. Está plagado de flores como éstas. Y las abejas hacen en él su agosto, o su abril, según se mire. Intenté cazar a alguna con mi cámara, pero estaban vergonzosas ese día.
Es increíble también su olor, embriagador, que te inhunda los pulmones si inspiras profundamente al pasar a su lado, y llega a tu cerebro dejándote medio colocado, en un estado de ebriedad cerebral.
En primavera, árboles y plantas de diversos tipos se plagan de flores de multitud de colores, alegrando el paisaje tanto rural como urbano, tras el gris invierno. En primavera, calles y parques se plagan de fotógrafos dispuestos a encontrar la foto de su vida con el buen tiempo, como pasara en diciembre, que por doquier había corredores eventuales entrenando para conseguir llegar a la meta de la San Silvestre.
05 abril 2006
Querer y querer
| Poco que hacer en una mañana en el trabajo sin trabajo. La obligada presencia en el lugar resulta insufrible, cuando además te cambian de compañías y no las puedes soportar. Doce horas de sufrimiento me dejarán K.O. No hay elección de soledad para hoy, debo aguantar propuestas de compañía. Quiero ser mi propia jefa. Quiero irme de aquí y no puedo. Quiero mandarlo todo al carajo. Hoy es un día extraño: estoy de buen humor, pero siento un hastío extremo a la vez. No me gustan los cambios absurdos, sin sentido. Quiero teletransportarme a lugares recónditos, perdidos, sin agobios. Y sé que no lo haré. Tengo hoy la fiebre del Quiero. |
Rumbo al norte, y sin frenos

¿Por qué les dará por estrenar en el cine lo que en muchas ocasiones debería quedarse en telefilme? Otras veces es al revés, aunque las menos, que un telefilme sorprende, y acaba llegando al cine, como fue el caso de La mejor juventud.
En esta ocasión, me ha tocado aguantar lo primero. Una típica película de A3 para después de comer, de esas que tan bien sientan para dormirlas. El reparto, de lo más suculento, pero no lleva a nada más. Mucho juicio, y mucha patraña, lucha de sexos y humillaciones, pero sin nada especial que la haga valedora ni tan siquiera de las nominaciones a los Globos de Oro a los que lo está. Sin duda, las dos actrices nominadas han hecho trabajos mejores. Y para variar, el título en español, destrozando lo que quedaba de película, con lo bien que queda el North Country inglés, tienen que estropearlo con un vulgar En tierra de hombres, yo no se quien se encarga de cambiar los títulos, pero lo cierto es que se luce, de tanto pensar.
Y encima, Charlize, pibón total, no va de chica mona, así que, si al final alguien decide gastarse los 6 € de la entrada, que no lo haga por verla, que va camuflada entre el hollín.
02 abril 2006
Cámara de bolsillo
Organizo mis fotos, y mientras, les echo un vistazo, y llego a una conclusión: necesito una cámara pequeñita. No puede ser, esto de que me falten días y días de fotos en viajes no me gusta nada, pero es comprensible, entiéndanme, es que no puedo poner en peligro mortal la integridad de mi protegida, y la de sus objetivos. Y tampoco puedo ir de niña mona y cargar con el camarón.
Ahora, la gran duda es: ¿Y cual será la elegida? Habrá que investigar. Me da a mi que una que sea muy muy pequeña y en la que se pueda modificar la apertura, exposición y sensibilidad es un poco utópico, por lo que he visto, pero bueno, por pedir, que no quede.
Seguiré ordenando, ya es una cuestión de necesidad.
Ahora, la gran duda es: ¿Y cual será la elegida? Habrá que investigar. Me da a mi que una que sea muy muy pequeña y en la que se pueda modificar la apertura, exposición y sensibilidad es un poco utópico, por lo que he visto, pero bueno, por pedir, que no quede.
Seguiré ordenando, ya es una cuestión de necesidad.
01 abril 2006
Porque no te olvido (II)
Porque no te olvido (I)
La razón de que te eligiéramos a ti y no a otra raza diferente, fue la insistencia de Jh para que te cruzáramos cuando crecieras con su animal, al que llamaremos Chocolate, y que tuviérais muchos negritos por ahí correteando. JH era un admirador de Mediana, uno de tantos, y la simple razón de que a ella le gustaran los perros, era suficiente excusa para estar a su lado, aunque sólo fuera por ir de perros. El hecho es que Jh venía a verte a casa, utilizándote de justificación, para ver a Mediana, y en una de esas ocasiones, cuando ya habías crecido un poco, decidió que ya era un buen día para cortarte el pelo. Así que ni corto ni perezoso, se armó con un cepillo, unas tijeras y un trimming, y os encerró en el cuarto de baño que tanto tiempo usamos sólo para ti. Al cabo de una hora, poco más o menos, una Guinda avergonzada y un Jh exhausto salíais de tu cuarto. La verdad es, que estabas guapísima, y acariciar tu pelo era una gozada, esa capa interior, que es tan suave tan suave que hace que no se pueda dejar de acariciarte. Te encontrabas extrañísima, sin parar de sacudir la cabeza por tener las orejas tan libres, desprotegidas. Y te escondías, tras las cortinas, o haciéndote la invisible, pegada a la pared. Y si venía algún visitate, como vino Ij, y te decía cosas del estilo de ¡Ay, pobrecita Guinda, ¿pero qué te han hecho?, te ponías más triste todavía, y había que decirte corriendo que estabas supermegaguapa para que te pusieras contenta.
Como hoy la cosa va de cortes de pelo, recordaré otra vez, poco después de ser mamá, cuando tus niños ya tenían unos tres meses, y ya pasabas mucho de ellos, y te llevamos a que te cortaran el pelo a una perruquería. Te llevó Mayor, y cuando al cabo de unas horas, fue a recogerte, venía llorando, porque se sentía culpable ¡Te habían rapado al cero! Parecías un chivo, toda pelona, exceptuando tu barba que, gracias a Dios, habían respetado, por orden de Mayor. Hacía calor, pero tu temblabas, y no querías sentarte en ningún lado si no era con tu manta debajo. Tuvimos que esperar una semana para que te acostumbraras a tu nuevo look, y que te creciera el pelo un poco.
Muchas han sido las ocasiones en que en las perruquerías te desgraciaron, y encima, nos atracaban a mano armada, razón por la cual, unido a que llegó un momento en que pasásteis a ser dos, decidimos convertirnos en perruqueras, y los resultados que obteníamos, iban mejorando de corte en corte, disminuyendo los trasquilones y demás errores involuntarios. Al final, quedábais bastante bien, pero es un trabajo cansado, tanto para el cortado como para el cortador.
Debo decir, en honor a Chocolate, que no llegó nunca a ser el padre de tus hijos, por culpa de un camionero despistado que le dejó fuera de juego a temprana edad, para gran disgusto de Jh, haciendo que te quedaras compuesta y sin novio, cuando ni siquiera te habías hecho perra. ¿Quien te dijo a ti que la vida iba a ser un campo de rosas?
La razón de que te eligiéramos a ti y no a otra raza diferente, fue la insistencia de Jh para que te cruzáramos cuando crecieras con su animal, al que llamaremos Chocolate, y que tuviérais muchos negritos por ahí correteando. JH era un admirador de Mediana, uno de tantos, y la simple razón de que a ella le gustaran los perros, era suficiente excusa para estar a su lado, aunque sólo fuera por ir de perros. El hecho es que Jh venía a verte a casa, utilizándote de justificación, para ver a Mediana, y en una de esas ocasiones, cuando ya habías crecido un poco, decidió que ya era un buen día para cortarte el pelo. Así que ni corto ni perezoso, se armó con un cepillo, unas tijeras y un trimming, y os encerró en el cuarto de baño que tanto tiempo usamos sólo para ti. Al cabo de una hora, poco más o menos, una Guinda avergonzada y un Jh exhausto salíais de tu cuarto. La verdad es, que estabas guapísima, y acariciar tu pelo era una gozada, esa capa interior, que es tan suave tan suave que hace que no se pueda dejar de acariciarte. Te encontrabas extrañísima, sin parar de sacudir la cabeza por tener las orejas tan libres, desprotegidas. Y te escondías, tras las cortinas, o haciéndote la invisible, pegada a la pared. Y si venía algún visitate, como vino Ij, y te decía cosas del estilo de ¡Ay, pobrecita Guinda, ¿pero qué te han hecho?, te ponías más triste todavía, y había que decirte corriendo que estabas supermegaguapa para que te pusieras contenta.
Como hoy la cosa va de cortes de pelo, recordaré otra vez, poco después de ser mamá, cuando tus niños ya tenían unos tres meses, y ya pasabas mucho de ellos, y te llevamos a que te cortaran el pelo a una perruquería. Te llevó Mayor, y cuando al cabo de unas horas, fue a recogerte, venía llorando, porque se sentía culpable ¡Te habían rapado al cero! Parecías un chivo, toda pelona, exceptuando tu barba que, gracias a Dios, habían respetado, por orden de Mayor. Hacía calor, pero tu temblabas, y no querías sentarte en ningún lado si no era con tu manta debajo. Tuvimos que esperar una semana para que te acostumbraras a tu nuevo look, y que te creciera el pelo un poco.
Muchas han sido las ocasiones en que en las perruquerías te desgraciaron, y encima, nos atracaban a mano armada, razón por la cual, unido a que llegó un momento en que pasásteis a ser dos, decidimos convertirnos en perruqueras, y los resultados que obteníamos, iban mejorando de corte en corte, disminuyendo los trasquilones y demás errores involuntarios. Al final, quedábais bastante bien, pero es un trabajo cansado, tanto para el cortado como para el cortador.
Debo decir, en honor a Chocolate, que no llegó nunca a ser el padre de tus hijos, por culpa de un camionero despistado que le dejó fuera de juego a temprana edad, para gran disgusto de Jh, haciendo que te quedaras compuesta y sin novio, cuando ni siquiera te habías hecho perra. ¿Quien te dijo a ti que la vida iba a ser un campo de rosas?
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