Lo normal en mi, primero escribo alguna paranoia sacada del bolsillo o de debajo de la mesa, después, cuando ya creo haber dado suficiente cuerda a mis dedos, cuando creo haber dejado clara mi carencia de cualquier intención extremadamente cuerda, titulo lo escrito, con la palabra que mas se me antoje en el momento. Hoy no. Hoy hablaba, bueno, más bien escuchaba, y pensaba en escribir algo con este título ¿Y bien? ¿Siempre es así? No lo creo, las transiciones sirven de algo. Unas más largas, otras más cortas. Pero es un secreto, pues parece ser que hay quien no lo sabe.
Mis fines de semana, han cambiado, de domicilio, de hábitos. No, de momento no soy monja, ni me he ido a vivir a un monasterio. Pero sólo de momento.
El año que viene, no estaré aquí ¿Estaré allí? ¿Estaré? Nunca se sabe. Lo echaré a suertes.
Tengo que dejar de deshojar margaritas de colores, y no precisamente por un sí o un no, sino por mil posibilidades que se abren ante mí como si de un abanico se tratase.
¿Qué les pasa a todos que ahora me quieren? Yo no entiendo al mundo. Si haces caso, no hacen caso. Si no haces caso, te lo hacen. Genial. Estupendo. Maravilloso. Formidable.
Y sigo queriendo chocolate y patatas fritas, el orden es lo de menos.
Dime, amor, cómo se atiza/ una brasa en su penúltimo estertor.../ Dime, amor, cuánto se atiza/ para que renazca el brote de una flor/ de una flor... de la ceniza,/ flor de ceniza. L.E. Aute
16 enero 2007
07 enero 2007
Espinacas
Hay sorpresas inesperadas. Una voz desgarradora. Una voz dulce y armoniosa, entonada y adorable. Hormiguitas, qué extraño. Volviendo al modo madeja.
Ha empezado el año con buen pie doña Flor, todavía no sabe si en la dirección correcta, pero por algo se empieza. Fuerza, como si el comer espinacas fuera lo mejor, como si de Popeye se tratase. La bondad se ha mezclado con aquella, y que no le digan nada que no le guste, que le resbala.
Mr. Computer ha decidido morir, y yo debería estar feneciendo a dúo -no hay back up-, pero tampoco me quita el sueño, lo que se va, se va, lo que se queda, se queda. Empiezo a acostumbrarme a perder las cosas, así que lo mejor es no encariñarse más de la cuenta. Y así me va, en modo frío, por lo menos con los objetos inanimados, con el fin de autoprotegerme y no sufrir más de la cuenta. Más me vale saber vivir con mi presente, y no anclarme a un pasado, ni apegarme demasiado de él.
Se me está yendo la pinza, liando ideas que vienen de infinidad de direcciones y con diferentes destinos.
Hoy, niebla, salir de casa ha sido un pequeño shock, no había ya casi luz, y ese tiempo, embriagador, plomizo, cargante, espeso, provoca nostalgia por momentos pasados, miedos por días futuros. Y es que, todo son recuerdos, por eso lo del presente.
Me gustan los adjetivos. Me gusta describir así.
Y una semana sin aceite de oliva, casi casi, y ya me lo salto. Soy lo peor. Pero es que, La tentación vive arriba.
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