Hilos. Lazos que crecen. Que se expanden. Que cruzan mares, desiertos, océanos. Que traspasan el tiempo. Que por fuertes e intensos se perpetúan en el tiempo. Que estuvieron ahí en el principio de los tiempos, cuando la nada no era. Cuando la nada quería ser. Cuando las intenciones de tejer esos lazos ya adivinaban la presencia intensa de la propia existencia.
Sentir como los lazos y los hilos acarician el cuerpo, acarician mi alma. Lazos que unen, lazos que no atan, pues los lazos podrían soltarse si uno quisiera. Pero son de vívidos colores. Son de la más pura esencia. Y tienen permitida la entrada.
Está ahí. Desde siempre y por siempre.
Dime, amor, cómo se atiza/ una brasa en su penúltimo estertor.../ Dime, amor, cuánto se atiza/ para que renazca el brote de una flor/ de una flor... de la ceniza,/ flor de ceniza. L.E. Aute
24 julio 2012
12 julio 2012
Guerra
Desierto. Seco. Sin color. Sin forma. Tejidos que se adhieren. Impiden movimientos. Lucha de clases. Lucha de gigantes contra enanos. Lucha de seres de distintos tipos. Entes amorfos contra sustancias etéreas. Ganar es premiado al ritmo de sonidos. De palabras. Gritos que luchan por llenar la estancia vacía. Deseos imposibles de desgarrar las paredes, de borrar al observador del mapa. Escapad, palabras. Dejaos ver. Pululad por el desorden miserable en busca de vuestro propio eco. Mas fuera no os comprenden porque formáis un sinsentido atroz. Y sin embargo, se piensan que estoy loca, cuando no logran comprender lo que ocurre. Lo que pienso. Lo que siento. Anoche tuve un sueño (O no). Soñé que el tumulto acumulado de sentido brotaba al ritmo melodioso. Levantaos. Escuchad. Vosotros ahora sois los necios. Escuchad de nuevo. Los necios. Si no entendéis mis palabras es porque os falta la clave. La clave lunar. Mañana os la descifraré. Abriré las puertas. Pasad, mirad, comprended, escuchad, salid. Tal vez sea la única oportunidad. Estad preparados para la lucha. Pues yo, yo, yo soy quien va a ganar. Veréis como sí. Porque yo tengo el poder. Aunque os creáis que soy la sierva. No lo soy. Mis terrenos son amplios. Allá donde vuestra mirada no llega, la mía sí. Porque yo soy gata, y por ello, puedo ver en la oscuridad. Felinos que luchan por su terreno. La batalla ha comenzado. Levantad vuestros escudos a mis ataques de ira.
Porque mañana voy a por todas.
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