Día a día, quedan números, y se difuminan en un fondo gris oscuro.
Día a día, quedan lágrimas, al fin hay lágrimas, que se confunden con los charcos de la acera.
Día a día, todo cambia.
Evolución y crecimiento hormonado para duplicar el ritmo, por lo menos.
Y a volar.
Dime, amor, cómo se atiza/ una brasa en su penúltimo estertor.../ Dime, amor, cuánto se atiza/ para que renazca el brote de una flor/ de una flor... de la ceniza,/ flor de ceniza. L.E. Aute
31 diciembre 2006
26 diciembre 2006
Gotas
Como un goteo constante
Sordo, compacto, seco
Sobre un suelo mojado
Junto a un lecho de hielo
Se pierde todo, me queda nada.
Sordo, compacto, seco
Sobre un suelo mojado
Junto a un lecho de hielo
Se pierde todo, me queda nada.
04 diciembre 2006
Yo antes...
Yo antes era lo que no soy ahora, pero prefiero ser mi yo de ahora que el de antes, porque el de antes era aburrido y gris, mortecino y fatigoso, cansino y tontorrón.
Es cierto, yo antes no era siempre como digo que era, pero tendía a habituarme a serlo. Cada vez me acomodaba más en ese papel de triste y abrumadora soledad, cuando bien es sabido que la soledad puede ser de lo más alegre y dinámica.
Yo antes, mordía el dedo del que señalaba la dirección adecuada, acallaba a quien me ofrecía ayuda, gruñía al que osara sonreírme, esquivaba a quien viniera en busca de mi saludo, y un largo etcétera de posibilidades de yo antes.
Como no hablamos del yo ahora, no digo que permanece y qué se ha ido de todo aquello.
Ni de si era verdadero, o si es pura ficción.
Y es que, yo antes...
...miraba al suelo cuando caminaba.
...no escuchaba música apenas.
...no hablaba nada.
...estaba casi siempre seria.
...huía a mi realidad.
...no conducía por miedo.
...no disfrutaba de los buenos momentos.
...estaba amargada.
Es cierto, yo antes no era siempre como digo que era, pero tendía a habituarme a serlo. Cada vez me acomodaba más en ese papel de triste y abrumadora soledad, cuando bien es sabido que la soledad puede ser de lo más alegre y dinámica.
Yo antes, mordía el dedo del que señalaba la dirección adecuada, acallaba a quien me ofrecía ayuda, gruñía al que osara sonreírme, esquivaba a quien viniera en busca de mi saludo, y un largo etcétera de posibilidades de yo antes.
Como no hablamos del yo ahora, no digo que permanece y qué se ha ido de todo aquello.
Ni de si era verdadero, o si es pura ficción.
Y es que, yo antes...
...miraba al suelo cuando caminaba.
...no escuchaba música apenas.
...no hablaba nada.
...estaba casi siempre seria.
...huía a mi realidad.
...no conducía por miedo.
...no disfrutaba de los buenos momentos.
...estaba amargada.
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