No estoy en casa.
No estoy en casa, no.
No estoy en casa.
¿Viene el ladrón?
Y es que no estoy en casa.
Pero no. No viene el ladrón.
Dime, amor, cómo se atiza/ una brasa en su penúltimo estertor.../ Dime, amor, cuánto se atiza/ para que renazca el brote de una flor/ de una flor... de la ceniza,/ flor de ceniza. L.E. Aute
14 mayo 2006
09 mayo 2006
Mil
Tormentas árticas
Es curioso como duele a veces el encontrarse a antiguos amigos por la calle. Esos, que ahora pasaron a ser desconocidos. Esos que ya ni te van ni te vienen. Esos de los que has dejado de acordarte, porque esa amistad pasó a mejor vida, porque ya no hay nada de aquella complicidad, de aquellas risas juntos.
Es curioso como, al volver a veros, no sabéis qué deciros, cómo os miráis los dos, y habláis casi del tiempo.
Y es que esta noche, al volver a casa, del trabajo, me encontré a una antigua compañera de fiestas y veranos, amiga de Mediana, y amiga mía. Por lo menos, me ha saludado ¡Flor de Ceniza, qué tal! y así, nuestra conversación ha comenzado, y ha durado la eternidad de 4 ó 5 minutos, en los cuales no he llegado a averiguar quien estaba más incómoda. Al darme la vuelta, y seguir mi camino, me puse a pensar en la forma en la que algunos cambian, o todos lo hacemos, mejor, y nuestros gustos, nuestros ideales, nuestras metas, nuestras vidas, todo, se separa, diverge sin posibilidad de vuelta atrás, sin retroceso. Armas cargadas apuntando a diferentes dianas, cada una de un color, de una forma. Y así, me ha dado pena, el hecho de ver que ya nunca más querría irme con esta chica de copas, ni de fiestas de pueblo en pueblo, ni querría dormir de nuevo en una tienda de campaña con ella, ni tantas cosas que antaño compartimos. Lo malo no es que ya no esté, lo malo es que desapareció paulatinamente, sin previo aviso, sin anunciarse su ruptura. Y es lo que no me termina de gustar de las amistades, que se dejan enfriar, y que, salvo excepciones, nunca se cortan de golpe. Prefiero una relación amorosa cortada de raíz, prefiero una relación de amistad aniquilada al instante, que una dejadez extrema que enfríe como el aliento polar de una tormenta del Ártico, que se cuela por cada rendija de amistad, cada rincón de alegría, de amor y de odio, y quiebra, resquebraja y deshace lo que surgió sin acuerdo y sin querer, que apareció con timidez o con brusquedad, pero que permaneció el tiempo necesario como para que, años después, al recordarlo, su ausencia duela.
Estoy pensando en noches pasadas, noches insomnes por causas propias y por causas ajenas, y ahora, la duda eterna, maldita ella, zascandilea de nuevo por mi cabeza hueca, creando confusión a mis ya de por sí aturdidas neuronas. Es curioso como la corriente siempre me arrastra hacia donde quiere, sin dejarme coger un chaleco salvavidas, obligándome a nadar sin rumbo, sin brújula, y yo, a veces dejándome llevar, a veces buceando entre algas y desperdicios oceánicos.
Odio a muerte mi veletismo.
Es curioso pensar que hay cosas que sin decirlas están, y que aunque no se sepan, merodean por aqui, y siempre lo harán, buscando el momento de emerger, y con ello, sacrificarse en pro de algo más digno, de algo mejor, para la tripulación.
Es curioso como, al volver a veros, no sabéis qué deciros, cómo os miráis los dos, y habláis casi del tiempo.
Y es que esta noche, al volver a casa, del trabajo, me encontré a una antigua compañera de fiestas y veranos, amiga de Mediana, y amiga mía. Por lo menos, me ha saludado ¡Flor de Ceniza, qué tal! y así, nuestra conversación ha comenzado, y ha durado la eternidad de 4 ó 5 minutos, en los cuales no he llegado a averiguar quien estaba más incómoda. Al darme la vuelta, y seguir mi camino, me puse a pensar en la forma en la que algunos cambian, o todos lo hacemos, mejor, y nuestros gustos, nuestros ideales, nuestras metas, nuestras vidas, todo, se separa, diverge sin posibilidad de vuelta atrás, sin retroceso. Armas cargadas apuntando a diferentes dianas, cada una de un color, de una forma. Y así, me ha dado pena, el hecho de ver que ya nunca más querría irme con esta chica de copas, ni de fiestas de pueblo en pueblo, ni querría dormir de nuevo en una tienda de campaña con ella, ni tantas cosas que antaño compartimos. Lo malo no es que ya no esté, lo malo es que desapareció paulatinamente, sin previo aviso, sin anunciarse su ruptura. Y es lo que no me termina de gustar de las amistades, que se dejan enfriar, y que, salvo excepciones, nunca se cortan de golpe. Prefiero una relación amorosa cortada de raíz, prefiero una relación de amistad aniquilada al instante, que una dejadez extrema que enfríe como el aliento polar de una tormenta del Ártico, que se cuela por cada rendija de amistad, cada rincón de alegría, de amor y de odio, y quiebra, resquebraja y deshace lo que surgió sin acuerdo y sin querer, que apareció con timidez o con brusquedad, pero que permaneció el tiempo necesario como para que, años después, al recordarlo, su ausencia duela.
Estoy pensando en noches pasadas, noches insomnes por causas propias y por causas ajenas, y ahora, la duda eterna, maldita ella, zascandilea de nuevo por mi cabeza hueca, creando confusión a mis ya de por sí aturdidas neuronas. Es curioso como la corriente siempre me arrastra hacia donde quiere, sin dejarme coger un chaleco salvavidas, obligándome a nadar sin rumbo, sin brújula, y yo, a veces dejándome llevar, a veces buceando entre algas y desperdicios oceánicos.
Odio a muerte mi veletismo.
Es curioso pensar que hay cosas que sin decirlas están, y que aunque no se sepan, merodean por aqui, y siempre lo harán, buscando el momento de emerger, y con ello, sacrificarse en pro de algo más digno, de algo mejor, para la tripulación.
07 mayo 2006
¿Qué dices?
¿Por qué son tan cortos los fines de semana?
¿Por qué parezco un libro de fechas, recuerdos, noticias e información no perecedera pero carente de utilidad?
¿Por qué la memoria parece interés?
¿Por qué no puedo no trabajar mañana?
¿Por qué los trabajos complicados dan tantos problemas?
¿Por qué parezco un libro de fechas, recuerdos, noticias e información no perecedera pero carente de utilidad?
¿Por qué la memoria parece interés?
¿Por qué no puedo no trabajar mañana?
¿Por qué los trabajos complicados dan tantos problemas?
04 mayo 2006
Transporte urbano
Cual si de un fármaco se tratara, he cambiado mi mecanismo de acción: últimamente aprovecho siempre que puedo para ir en autobús, porque para metros, ya tengo yo 1,73, y necesito ver un poco la luz de vez en cuando, que ya que me paso el día encerrada, al menos que el trayecto sea al aire libre.
La diferencia es notable, entre uno y otro. En el Metro, cada uno es un puerco dispuesto para ir al matadero, ya sea el del trabajo, ya sea el de su casa, pero todos van ausentes, esperando desganados el momento de bajarse, sin sentimientos, sin deseos, sin sueños, pero con mucho sueño. En el autobús, las cosas cambian; el tipo de gente, para empezar, es diferente, suelen ser personas mayores, que prefieren no bajar las escaleras del metro, y las cambian por el Piso Bajo Contínuo del autobús. Y son los madrileños de toda la vida, que se conocen cada línea de autobús y cada calle de Madrid, y que no temen pasarse de parada, por eso se permiten el lujo del autobús, de la superficie, de la luz, del aire libre. Aquí, en éste, no hay inmigración, no hay turismo: es más fácil perderse. El aire que se respira es más amable, además de más fresco, los viejecitos te sonríen, te hablan con alegría, con amabilidad, es una camaradería y una complicidad que el metro no tiene.
Ahora bien, ésto no se cumple en los casos en los que el autobús no es sustituible por el metro.
Si A y B, entonces C, Si A pero no B, entonces no C.
He dicho.
La diferencia es notable, entre uno y otro. En el Metro, cada uno es un puerco dispuesto para ir al matadero, ya sea el del trabajo, ya sea el de su casa, pero todos van ausentes, esperando desganados el momento de bajarse, sin sentimientos, sin deseos, sin sueños, pero con mucho sueño. En el autobús, las cosas cambian; el tipo de gente, para empezar, es diferente, suelen ser personas mayores, que prefieren no bajar las escaleras del metro, y las cambian por el Piso Bajo Contínuo del autobús. Y son los madrileños de toda la vida, que se conocen cada línea de autobús y cada calle de Madrid, y que no temen pasarse de parada, por eso se permiten el lujo del autobús, de la superficie, de la luz, del aire libre. Aquí, en éste, no hay inmigración, no hay turismo: es más fácil perderse. El aire que se respira es más amable, además de más fresco, los viejecitos te sonríen, te hablan con alegría, con amabilidad, es una camaradería y una complicidad que el metro no tiene.
Ahora bien, ésto no se cumple en los casos en los que el autobús no es sustituible por el metro.
Si A y B, entonces C, Si A pero no B, entonces no C.
He dicho.
De montañas y rusas
Como una montaña rusa, así está mi vida, con loopings y tirabuzones, con subidas y bajadas. Pasé la fase en la que todo era subida, subida con cremallera, y lo primero que encuentro es un doble looping terminado en hélice a la derecha con caida en vertical más charco de agua... Dios... espero que no sea así siempre, porque las cosas se complican y yo no he sido tan mala...
30 abril 2006
Entre horas
Entre horas debería ordenar mi vida.
Entre horas debería ordenar mi cuarto.
Entre horas debería ordenar mis ideas.
Entre horas.
Entre horas deambulo por casa.
Entre horas me disperso.
Entre horas espero a que pasen, las horas, la gente, el tiempo.
Entre horas no comas.
Entre horas no sueñes.
Entre horas no duermas.
Entre horas debería ordenar mi cuarto.
Entre horas debería ordenar mis ideas.
Entre horas.
Entre horas deambulo por casa.
Entre horas me disperso.
Entre horas espero a que pasen, las horas, la gente, el tiempo.
Entre horas no comas.
Entre horas no sueñes.
Entre horas no duermas.
25 abril 2006
Sin volante ¡NO!
El viernes me dieron un volante. No era un volante de coche, no... ése lo tengo bien agarradito al resto de aquel, y no lo quito de allí. Este volante era de otro tipo, de los que te dan para ir de médico en médico, como el que va de flor en flor. Un volante que dirigiera mi vida hacia los escabrosos mundos de los ladrones de sangre, vampiros y vampiresas que te dejan en la mayor de las sequías. Sí, señores, era un volante para análisis, que cuando vas al centro de salud, aunque vayas de acompañante, como era mi caso, no te libras de algún pinchazo o cita para que te pinchen.
Llegué a casa con aquel volante dentro de mi bolso, que parece el de Mary Poppins,por cierto, y tiene todo tipo de objetos de lo más variopinto, y debí sacarlo en un momento dado, buscando algo, o para aparcarlo en algún lugar mejor.
El caso, curioso caso cuanto menos, es que debí dejarlo y ahora que quiero que vuelva a mi, parece ser que no me quiere, que juega al escondite, a las tinieblas o a cualquier otro juego en el que una parte como es ella, brilla por su ausencia, y de tanto brillo, deslumbra y se pierde.
Y mañana ¡oh, mañana! me iré al ambulatorio con la cabeza bajay el rabo entre las piernas y sin volante, a ver si me dejan analizarme, y como no me dejen... no se a quién mato, después de soberano madrugón, porque las ayunas, no me importan, que últimamente estoy en plan tragón, y no viene mal paliar los excesos con algo de nada.
¿Dónde estará mi volante? ¿Quien me lo habrá robado? ¿Quien lo habrá cambiado de SU sitio? ¿Quien se va a hacer pasar por mi y a suplantarme? Mañana, a ver si busco un poco más, antes de irme, sí, sí, está bien escrito, mañana, con las prisas, el sueño, y un cóctel matutino de desastre flordecenicil.
Señoras, señores: no tengo remedio.
Llegué a casa con aquel volante dentro de mi bolso, que parece el de Mary Poppins,por cierto, y tiene todo tipo de objetos de lo más variopinto, y debí sacarlo en un momento dado, buscando algo, o para aparcarlo en algún lugar mejor.
El caso, curioso caso cuanto menos, es que debí dejarlo y ahora que quiero que vuelva a mi, parece ser que no me quiere, que juega al escondite, a las tinieblas o a cualquier otro juego en el que una parte como es ella, brilla por su ausencia, y de tanto brillo, deslumbra y se pierde.
Y mañana ¡oh, mañana! me iré al ambulatorio con la cabeza baja
¿Dónde estará mi volante? ¿Quien me lo habrá robado? ¿Quien lo habrá cambiado de SU sitio? ¿Quien se va a hacer pasar por mi y a suplantarme? Mañana, a ver si busco un poco más, antes de irme, sí, sí, está bien escrito, mañana, con las prisas, el sueño, y un cóctel matutino de desastre flordecenicil.
Señoras, señores: no tengo remedio.
23 abril 2006
Deseos
Agua
Pasa por agua, el fin de semana:
Agua del cielo, que limpia y sana,
que apaga fuegos y riega pastos.
Que inyecta vida en los yermos campos.
Aguas internas, que de mi emanan,
Que con sigilo por ti se escapan,
Y yo me escondo, me voy a un cuarto,
Que no vislumbren mi triste llanto.
Llegó el momento de no acallar
esa amargura que con agallas
brota de dentro, que rompe el pacto
a cinco meses de ese gran salto.
Agua del cielo, que limpia y sana,
que apaga fuegos y riega pastos.
Que inyecta vida en los yermos campos.
Aguas internas, que de mi emanan,
Que con sigilo por ti se escapan,
Y yo me escondo, me voy a un cuarto,
Que no vislumbren mi triste llanto.
Llegó el momento de no acallar
esa amargura que con agallas
brota de dentro, que rompe el pacto
a cinco meses de ese gran salto.
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