06 enero 2006

Lluvia Real, lluvia Mágica

Es curioso como la situación meteorológica influye en nuestro estado de ánimo. Ya cuando estaba en el colegio me lo decían, que la lluvia excitaba a las bestias, y sí, la verdad es que sólo había que vernos, correteando en las horas de recreo por las aulas, para que no nos mojáramos, montábamos cada desastre... Y en verano, siempre aplatanados por el sol, por el calor, siempre buscando la sombra.
Me encanta la lluvia. Ahora miro por la ventana, mientras escribo, y me da paz, porque llueve suavemente, con calma, pero sin parar. Dentro de poco me tengo que enfrentar a ella, con una amiga de pelo, y por una parte da pereza, porque me mojaré, pero por otra, me gusta bajar cuando llueve, todos se esconden, nadie se atreve a pasear largamente ¿qué frío, no? Y así, estamos las dos solitas, y podemos hacer el ganso, sin peligro de otros peludos que vengan a fastidiar.
Me gusta el día de reyes. Tengo buenos recuerdos. Cierto es que llevo un par de años pasando unos reyes atípicos, ya no por los regalos, que es lo de menos, sino porque falta alguna hermana, y no es igual. Lo que más me gustaba era ir a casa de mis abuelas, por la mañana con una, y comer allí, y por la tarde con otra, a merendar con todos los primos. Y la alfombra, con los nombres, eso ha sido así siempre, para padres, para hijos... supongo que volverá a serlo, aunque ellas ya no estén, aunque la alfombra cambie de residencia, aunque los protagonistas cambien. Pero esa sensación volverá, lo sé.
Y el roscón... ¡mmmm, rico! Todo el año esperando para comerlo, y no... la sorpresa ya no me pone nerviosa (casi, casi), lo que me gusta es su sabor, y las situaciones en las que lo como, con la familia (jo, parezco siciliana), o como será este año, con mis amigas, por primera vez, si no me equivoco. Lazos de sangre siempre me habían unido antes con mis compañeros de roscón, por lo menos con la gran mayoría. Ya era hora de variar, vamos, digo yo.
Mientras escribo, Robbie sigue cantando, y poco a poco se va acercando la hora de bajar a la enana, y en la calle sigue lloviendo.
Sigue lloviendo.

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