Dormir, el mayor de los placeres ¿A quién no le gusta dormir? Y si no, prueben a pasar un par de días sin hacerlo, verán lo que es bueno.
La parte mala llega cuando te excedes. Si duermes trece horas, como he hecho yo hoy, y de paso, duermes hora u hora y media de siesta, no hay quien te duerma por la noche. Y si le añades un par de tazas de te, y unos cuantos vasos de Coca Cola (light, of course), haces un cóctel explosivo, un no dormir estupendo.
Me gustaría dormir, porque mañana madrugo, pero aunque me metiera ahora en la cama, me pondría a dar vueltas como una peonza.
Ser noctámbulo tiene su parte mala, y es ésta. Cierto es que también tiene la buena: las pelis buenas de La Dos siempre son de madrugada; para salir, sufres menos el peligro de que Morpheo se te aparezca de repente; si hay un examen al día siguiente, puedes estudiar por la noche (bueno, sí, ya se me ha pasado ésta época, pero quién sabe, nunca es tarde para recuperarla); si trabajas hasta tarde, cuando llegas a casa tienes tiempo de hacer más cosas; puedes disfrutar del silencio en toda regla, de ese que te regala el mundo cuando se calla por unas horas, todos dormiditos a tu alrededor, se oye la lluvia, los muebles cuando crujen, el tic tac del reloj, la respiración de los habitantes de casa, el coche que para en el semáforo de abajo. Y bueno, un sin fin de ventajas, para qué nombrarlas todas ahora.
Otra cosa mala, es que no puedes pasarte con el ruido tú tampoco, porque les despiertas a todos y, oh oh... peligro: "Niña, acuéstate ya de una vez, que mañana madrugas", "¿Pero qué haces? apaga ya eso", "Acuéstate, que mañana no va a haber quien te levante"... Y bueno, una larga lista de frases que me conozco muy bien. Es una de esas veces en que no te sientes dueño de tu propia vida, porque a pesar de ser mayorcita, ya se encargan los demás de hacerte sentir pequeña, o más bien, la pequeña, un desastre andante, una calamidad, y una irresponsable... Por Dios, que tienes que dormir... y no se dan cuenta que con dormir cinco horas entre semana, más los ratos de autobús, metro y tren, tengo suficiente... Porque sí, señores, yo me voy durmiendo por las esquinas, y no lo puedo evitar, porque me cuesta dormirme por las noches, y aun más me cuesta levantarme por las mañanas. Necesito tres despertadores, una madre y una, o dos, hermanas para conseguir salir de la cama ¡La pereza me corrompe!
Sin más, yo creo que le voy a dar una oportunidad al Señor de los Sueños, a ver si se decide a venir a visitarme, y me da un abrazo muy fuerte, de esos de seis horas, por lo menos.
Y es que, el día de hoy no me ha gustado, me empiezo a encontrar, sin ni siquiera buscarme, porque como dijo un buen señor de nombre Pablo "yo no busco, yo encuentro"; vale, vale, de apellidos Ruiz y Picasso. Y eso, que lo he pasado mal, con alguna sorpresa agradable al final, pero con balance negativo. Qué le vamos a hacer, la vida sigue y hay que reponerse, y si estoy como estoy, es porque yo lo he elegido, ni más, ni menos. Lo que tengo claro, es que no me puedo echar atrás ahora. Tuve prudencia, a la hora de decidir, justicia, para con los demás, ahora debo tener fortaleza para permanecer firme ante la decisión tomada, y templanza... bueno, de momento no se para qué, tal vez para no maltratarme mucho a mi misma, pero ya le encontraré yo otra misión a la templanza.
Y tras este ataque que me ha dado con las virtudes cardinales, me voy a dormir, que hoy estoy de Santa Flor de Ceniza. Si es que... en el fondo lo voy a ser y todo...
Bueno, que me enrollo, para variar, como siempre que no tengo sueño.
Y como dirían los griegos: Stó kaló!
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