En un momento, la decepción, el desasosiego, la desilusión, la desidia, el desprecio, el desánimo y el desempleo (por qué no decirlo), se me echaron encima, debido a mi lentitud y dejadez. Me he pasado tres meses planeando algo que al final no se llevará a término, por cobardía, por desconfianza, por indecisión.
Y ahora, encuentro la misma sensación de inestabilidad en mi, la misma sensación de incertidumbre.
Espero algún día poder elegir entre blanco o negro, entre rojo o verde.
Es cierto, en ocasiones dejarse llevar está bien, pero creo que me lo tomo demasiado al pie de la letra. Los troncos se dejan llevar por la corriente, y van al antojo del agua, flotando aquí, hundiéndose allá. Las nutrias, deciden su rumbo, y lo llevan a cabo. Lo de sólo corazón no lleva a buen puerto.
Cambiaremos de planes otra vez. La vida sigue. Y yo en Madrid ¡Qué cosas!
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