09 junio 2006

Debilidad mental

En los últimos tiempos, las nubes han decidido hacer huelga, y ponérselo fácil al sol, para que pueda derretir nuestras pobres y débiles neuronas sin piedad ni justicia. Empieza a ser tarea de valientes y aguerridos el caminar a horas intempestivas, es decir, de doce a dieciocho. Horas, sí, no años, que se puede ser valiente a cualquier edad, no seré yo quien corte alas a nadie. ¿Que no quiero que me lo hagan a mi? Pues eso, tampoco se lo haré a los demás. Me gusta esta parte de la moral kantiana.
Una vez más, la noche y la vida social irrumpieron en mi, jugándome una pasada de esas gilipollescas mías: seriedad extrema, no tengo remedio. Cuando sea mayor, me chutaré dosis de factor W, sí, ese que tenían los que poseían el don de la palabra hablada. O eso decía mi libro de filosofía de 3º.
Hace tres días ¿Vacaciones? ¿Quién las quería? Ahora me acabo de comprar un billete, y tengo que comprar otro aun. Me ha dado la fiebre de los viajes. Y que le zurzan a quien no le guste.

Hoy mi post es digno de un diario de una niña de 16 años. No me gusta. Estoy débil mental ultimamente.

No me gusta la forma de legalizar la inmigración, luego pasa lo que pasa, y no digo más, que me crispo.

Parezco un mendigo social asocial, y no es coña, una forma extraña de decir que no quiero estar en casa, pero que salir sola no mola hacerlo siempre, y que no se con quien ir, porque cuando voy no socializo.

Por cierto, cambiaron las normas del juego, ahora son más complicadas, aunque siguen teniendo cosas tan absurdas como sugus de limón entre ellas. Pero yo me veo igual, tiene narices.

1 comentario:

Flor de Ceniza dijo...

Por hablar del tiempo, he sido castigada, me llevan la contraria y ha estallado una tormenta acuática veraniega, de esas de locos de ahora sí, ahora no...
Y aquí estoy yo, comentándome a mi misma ¿Qué hay más patético?