El lunes empezó en casa una competición alimenticia:
- Vegetales para una.
- Carnes y pescados para otra.
Y quedan en medio dos que no saben a qué atenerse.
Es de locos. Y luego, una quiere comer lo que tiene la otra ¿Cuando imaginaba, en lo más remoto de mí, que en algún momento fuera yo a estar muriendo por una hoja de lechuga?
Y es que, como la vida misma, unos siempre quieren lo que no tienen. El deseo de lo prohibido, de lo denegado, de lo oculto, de lo perdido.
¿Cuántas veces hemos necesitado algo que llevábamos siglos sin usar y que al final decidimos regalar el día anterior?
Ay, Señor, que caprichos...
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