
Cogió unas camisetas algún pantalón, y lo que se le pasaba por la mente que podría necesitar y salió zumbando hacia el aeropuerto, donde la esperaban. Un vuelo de dos minutos gracias a la ayuda del Señor del Sueño que la envolvió entre sus brazos. Un largo día que terminaba en otro lugar, con amigos, sobre el agua.
En los días sucesivos, el turismo guiritípico se apoderó de ella, hasta tal punto, que su apariencia se asemejaba a la de los especímenes de éste grupo, el tono rosáceo, la necesidad de sombra, las cremas sin freno ni medida.
Las noches variaban, unas más tranquilas dejaban paso a otras más largas, en otra compañía, en otros lugares con algo que ver, que observar, conversación escueta, porque ella es así, comiendo palabras, no las sabe escupir.
Y para terminar, un consumismo habitual del que va para allá: sin causa especial la tarjeta se le va.
Antes de salir, a alguien vió llorar: "no te preocupes, todo se arreglará".
Y así, pocas palabras para decir lo que fueran sus cortos días de descanso, con una de las mejores compañías, aunque cada cual tenga sus gustos.
Hoy no se siente cactus, al que se acerque, no le pinchará ¿Probar? Eso será, probad, probad.
2 comentarios:
>comiendo palabras, no las sabe escupir.
todo se aprende en esta vida
Cuestión de tiempo, supongo, pero una vez digeridas, no creo que las vomite.
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