Se me había olvidado escribir sobre mi nueva situación. Bueno, sobre nuestra nueva situación. Desde el viernes pasado - madre mía, una semana, como pasa el tiempo- vuelvo a ser una mujer completa. Ya puedo volver a ir al cine en versión original, puedo conducir, puedo leer los carteles a trescientos metros, puedo, puedo... otra cosa es que lo haga, pero ya puedo VER.
Mis nuevas gafas: lo más parecido que he encontrado a las anteriores, aunque no lo he hecho a propósito. Y éstas son unas pitufogafas. Como no.
No ha estado mal, sólo he necesitado mes y medio para decidirme a hacérmelas. Todo un logro por mi parte.
Ya me han dejado de temblar todos los músculos de mi cuerpo. Esta tarde en el curro lo he pasado fatal, a ver quien es el listo que inventó el gimnasio a mediodía. Demasiado tiempo desconectada. Aun así las gano a todas... y a muchos (je je je). Lo malo serán las agujetas de mañana, y de pasado, y del otro...
Demasiada cafeína, noctambulismo severo.
Cada día escribo más cerca del caos. Qué desorden.
Me gustan los jueves. Me gusta pasear por las mañanas. Llegar a trabajar a horas intempestivas, irme de recados y aprovechar para deambular, observar a la gente... Como hoy, qué diferentes todos, y a la vez tan iguales: ellas con sus botas altas, se van a montar a caballo, debe de ser eso, ellos, trajeados, cortados con el mismo patrón. Es divertido mirar, volverme invisible, o al menos creérmelo, y curiosear entre unos y otros: los gestos, las prisas, las conversaciones de metro o de autobús.
En mi jardí
n, como es el mejor del mundo, como es mi jardín ideal, hay un río, que en este momento parece pequeño, pero incluso en este estado, me gusta. La foto no es la mejor, pero es que cuando la hice era todavía más aprendiz de fotos que ahora, que ya es decir. Muchas veces, cuando veo este río y otros de tamaño parecido, me gustaría ser diminuta, para poder bajarlo en piragua, en este caso sería un descenso de aguas bravas, lo que disfrutaría.
Mis nuevas gafas: lo más parecido que he encontrado a las anteriores, aunque no lo he hecho a propósito. Y éstas son unas pitufogafas. Como no.
No ha estado mal, sólo he necesitado mes y medio para decidirme a hacérmelas. Todo un logro por mi parte.
Ya me han dejado de temblar todos los músculos de mi cuerpo. Esta tarde en el curro lo he pasado fatal, a ver quien es el listo que inventó el gimnasio a mediodía. Demasiado tiempo desconectada. Aun así las gano a todas... y a muchos (je je je). Lo malo serán las agujetas de mañana, y de pasado, y del otro...
Demasiada cafeína, noctambulismo severo.
Cada día escribo más cerca del caos. Qué desorden.
Me gustan los jueves. Me gusta pasear por las mañanas. Llegar a trabajar a horas intempestivas, irme de recados y aprovechar para deambular, observar a la gente... Como hoy, qué diferentes todos, y a la vez tan iguales: ellas con sus botas altas, se van a montar a caballo, debe de ser eso, ellos, trajeados, cortados con el mismo patrón. Es divertido mirar, volverme invisible, o al menos creérmelo, y curiosear entre unos y otros: los gestos, las prisas, las conversaciones de metro o de autobús.
En mi jardí
n, como es el mejor del mundo, como es mi jardín ideal, hay un río, que en este momento parece pequeño, pero incluso en este estado, me gusta. La foto no es la mejor, pero es que cuando la hice era todavía más aprendiz de fotos que ahora, que ya es decir. Muchas veces, cuando veo este río y otros de tamaño parecido, me gustaría ser diminuta, para poder bajarlo en piragua, en este caso sería un descenso de aguas bravas, lo que disfrutaría.
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