18 diciembre 2005

Cambios forzosos

Hasta nuevo aviso, se acabó el ir a ver películas en versión original, se acabó el conducir... o el hacer amago de ello, se acabó el ir a museos... Se acabó todo lo que precise una vista decente.
Confié mis gafas a un bolso ajeno, y parece ser que se las ha tragado la tierra. Grandes noticias.
Estrenando vida ya practicamente 100%. Espero que no me sigan desapareciendo cosas, o surgiendo más sorpresas de este tipo porque, madre mía, que racha llevo.
Tendré que hacerme unas nuevas. Éstas me han durado bastante poco, cuatro años nada más. Que penita, con lo que me gustaban. Llamaré al P. de los Deportes, por si se las hubieran encontrado allí.
Hoy he ido al cine, y oh, que novedad, como ultimamente me pasa, me he dormido... pero poco, me he enterado de la película... más o menos. Si es que, ya me lo dice mi madre, tengo que dormir más.
Petard sigue haciendo de las suyas. Poco a poco intento darle calabazas, pero insiste. Que sufrimiento. Y encima no tengo más remedio que verle en el trabajo.
Yo sigo malita, y creo que en vez de mejorar, después de dos semanas así, lo único que hago es empeorar. Al menos ya no tengo voz de camionero.
Segunda semana completita de trabajo, la estoy temiendo, y para colmo, actividades extraescolares, me toca hacer postres de Nochebuena. Mi mamá me explota.
Sólo llevo una semana de full time y ya me estoy quejando. Es que veo que no voy a tener vida. Trabajando de diez a diez, o con suerte, de diez a nueve...
De cualquier forma, me siento bien, en una silla, sí, y con la espalda recta...
Qué nervios, ya se acaba el año, más me vale correr, o no llegaré a la meta.
Y ya.

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